sábado, 28 de diciembre de 2013

Argénida Romero: “Los poetas son como los días; todos diferentes”


La noche del 16 de septiembre de 2013, cuando el reloj marcó las 6:00 pm, esta periodista de Diario Libre y poeta recibió, en la Librería de Cultura, el Premio Poesía Joven de la Feria Internacional del Libro 2013, que consiste en RD$75,000.00, un diploma de reconocimiento y la publicación de su poemario "Arraiga".

Entonces tu poemario no lleva por título un apellido...
(Risas). El error disléxico me causó mucha risa en un primer momento, porque pensé que solo fue un error de la nota de prensa enviada por la FIL a los medios. Pero pase de la risa al... digamos, sorpresa, cuando vi el error reproducido hasta en una felicitación de la Presidencia que me enviaron. En serio, ¿a nadie le pareció extraño que un poemario llevara por título un apellido? Pero supongo que esta será una anécdota.

¿Y qué dijo el Ministerio de Cultura en cuanto a ese ‘pequeño desliz'?
Cuando vi la nota de prensa con el error, si menos no lo recuerdo, le hice la observación a la responsable de la edición del boletín de la Feria Internacional del Libro. No sé si esa persona tuvo que ver con el desliz, pero me brindó las disculpas de parte de la organización de la FIL. Pero, como te comenté, el poemario quedó renombrado como "Arriaga" y "el error escrito, escrito ésta"...y de paso, impreso y publicado.

Arraiga, también es el título de uno de tus poemas. ¿Por qué lo escogiste para titular tu poemario?

En principio el título era "(Des) Arraiga" y el poema al que te refieres también se titulaba así. Es ese momento, cuando le empecé a buscar un lugar a cada poema, ese en particular parecía agrupar "la voz" del poemario, de lo que trasmitía en su conjunto. Pero un amigo escritor cuando leyó el poema se detuvo en el título y me dijo que el "Des" parecía estar de más. Y sí, luego de un tiempo, con el poemario más acabado, también el prefijo me pareció "una H muda". Y ese poema habla de eso, del sentido de lo que permanece aunque ya no esté.

Para un poeta, ¿ganar un concurso es un logro o una responsabilidad?
Diría que es suerte.

En tu poema "Definición" dices que la nostalgia está hecha de casas que se derrumban. En tu caso, ¿se ha derrumbado alguna?

Se me han derrumbado barrios enteros.

¿Por eso en el poema "Buena niña" dices que estás cansada de ser humana?
No es por la casas que se me derrumban que digo eso en ese poema. Pienso, y siento, que a veces uno se cansa de ser lo que es un día cualquiera, sin más explicación que el cansancio. Y al otro día, todo te puede parecer nuevo y ames ser humana y ya no estés cansada. Así somos, hermosamente erráticos.

"Cordones rojos" está dedicado a Homero... ¿Simpson o Pumarol?
Pumarol. Conozco la poesía de Homero Pumarol por referencia de lectura y por El Hombrecito, el proyecto de Spoken Word que lleva con el escritor Frank Báez. Hace unos años, Homero sufrió un accidente automovilístico grave. Me mantuve al tanto de su recuperación, pues es alguien que he admirado a través de lo que escribe. Cuando lo volví a ver, luego de su accidente, en una presentación de El Hombrecito, me conmoví hasta las lágrimas. Ahí estaba, tan diferente al Homero que vi de lejos una que otra vez, pero cantando su poesía, hablando del primo en el Canal de la Mona, un fénix caribeño y sonriente. Me fijé que tenía uno de los cordones de uno de su tenis desamarrados... y de eso hablo en el poema.

Recientemente fuiste publicada en la antología "A la garata con puño": muestra de la poesía dominicana actual (UNAM, México). ¿Así se encuentra la poesía en nuestro país? 
Recuerdo que en el epílogo de esa antología, de la escritora y periodista dominicana, residente en México, Ariadna Vasquez, hacía referencia al sentido de "lanzar para causar alboroto", que es más o menos lo que significa "garata con puño". Es una figura muy dominicana para hablar de eso, de lanzar palabras y ver quien las atrapa. Ahora, si te refieres al significado visual de cuando alguien te dice "oye, se fueron como a la garata con puño", pues te diría que la poesía lo que menos tiene es eso, alboroto. Nadie "se va al puño" para leer poesía. Ni tampoco para escribirla. La poesía dominicana está en la acera, voceando "¡venga a ver!" a los que se van "a la garata con puño".

Una pregunta que sueles hacer constantemente en tu blog "El Diario de la Rosa" es: ‘¿Para qué sirve la poesía?', con tantas respuestas que has recibido, ¿ya puedes dar la tuya? 
Sirve para lo que quieras que sirva, si te sirve de algo.
¿Alguna vez te gustaría vivir de la poesía?
Si te refieres a vivir con pagar las cuentas y comprar comida, para eso la poesía no sirve.

Hernán Rivera Letelier: "El arte de contar historias es una de las cosas que se está olvidando entre los intelectuales".


Foto cortesía de Prisa Ediciones RD
El autor de “El arte de la resurrección”, ganador del Premio Alfaguara 2010,  vivió durante 45 años en el desierto más árido del planeta (Atacama, Chile), de los cuales 30 se reflejan en su piel por haber trabajado en minas a flor de tierra, entrelazado entre un sol que a veces calentaba hasta los 40 grados. Este escritor autodidacta -que descubrió la literatura a la edad de 18 años, pues en su casa solo había una Biblia- confiesa que si no hubiese sido por la poesía y las historias, tal vez no hubiese sobrevivido: “De alguna manera he sido una Sherezade”.

Su libro tiene algo que se parece a “Las mil y una noches”. Cuenta una historia dentro de otra y se repite varias veces.
Esas son las licencias que se dan en la novela. El efecto caja china como le llaman los entendidos en esto. Es una caja dentro de otra caja... La novela es eso. Es una historia dentro de otra historia. Así es la vida también. Lo que uno quiere hacer en una novela, es vida en palabras. Mis novelas pueden ser malas o buenas pero chorrean vida. Eso lo afirmo porque mis obras no están inspiradas en otros libros. Mis personajes no son personajes de papel. Vienen desde la vida misma.

¿Usted ha conocido a alguno de sus personajes?
A casi todos. Yo creo que soy uno de los pocos escritores de este mundo que tiene la dicha o la desdicha de encontrarme de pronto con mis personajes. Me da cierto temor sagrado. Ese temor al revés de los indios que no se dejaban fotografiar porque les robaban el alma. Yo me siento, un poco, como robándoles el alma a estas personas porque cuando los veo en la calle, yo me voy por la otra acera (Ríe). Yo los transfiguro porque es lo que tiene que hacer el novelista, inspirarse en una persona o hecho real. Para que sea novela tiene transfigurarlo, tiene que convertirlo en hecho o personaje novelístico. Porque si lo contara o describiera tal cual es, eso no es novela, es una crónica; y yo quiero ser novelista, no cronista.

¿No le gusta la crónica?
No, no me ha gustado nunca la crónica.

¿Y qué otro género literario le gustaría escribir?
A mí me encantaría retomar los poemas, pero lamentablemente los poemas terminaron conmigo. Escribí poemas durante 14 o 15 años y cuando pasé a la prosa nunca más volví a ver un poema. Un poema no se escribe como un cuento o como una novela. La verdadera poesía te asalta o no te asalta. Si lo haces con técnica, los versos van a estar vacíos de poesía porque hay gente que confunde poesía con poemas. Yo sigo haciendo poesía, pero ahora en prosa. Lo que no hago son poemas.

La frase “Lo humano triunfaba sobre lo divino” –de su libro-, ¿cree que lo estamos viviendo en la actualidad?
Siempre lo humano ha triunfado sobre lo divino, al final de cuentas. Es cuestión de que mires la historia de la humanidad. Todas las caídas de los imperios, todas las caídas de las civilizaciones han sido culpa de la debilidad humana, del pecado humano. Incluso nos corrieron del paraíso por la debilidad humana. Todos los cristos elquis que han venido los hemos tratado mal. Ha triunfado lo humano sobre lo divino.

¿A cuáles cristos se refiere?
Yo llamo cristo a todos los mesías, iluminados o profetas de las distintas civilizaciones que han venido. Como Buda o Gandhi.

No necesariamente para usted deben de tener poderes sobrehumanos, sino ser líderes…
Exacto, exacto… El problema es que la mayoría de estos iluminados también caen impetuosamente por el lado humano. Todos estamos condenados al pecado. ¿Parezco predicador? (Ríe).

Dice la Biblia: "La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve", pero el Cristo de Elqui se cansó de esperar y abandonó todo, ¿por qué?
Claro, a los 22 años se dio cuenta de que había predicado en el desierto, que sus semillas no habían fructificado y que ya no creían en él. Renunció. Yo creo que hasta el mismo Cristo de los evangelios cuando dijo: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, de alguna manera renuncia. Este es un cristo humano que al final tira la esponja, tira la toalla. Es humano.

¿No se supone que la fe es lo que mueve la vida de las personas? 
Sí, pero también la fe en algún momento decae. La fe se apaga también.

¿Usted ha sentido que ha perdido la fe?
Muchas veces. Yo soy un hombre de fe ¡y de mucha fe! Como dice el Cristo de Elqui en la entrevista que le hacen: “Lo importante no es el dios sino la fe”. Si yo no tuviera fe, no estaría acá. Somos humanos.

Además de humano, ¿cómo usted describe al Cristo de Elqui?
Es un cristo con contradicciones, con errores, con milagros fallidos…

Confunde entre su fe y la locura...
Es que eso siempre queda en duda. ¿Es un loco? ¿Es un iluminado de verdad? ¿Es un farsante? ¿Es un santo? ¿Es alguien que se aprovecha de la gente? Eso queda a criterio del lector. En ninguna parte se afirma uno o lo otro. Ni yo lo sé siquiera. Yo terminé la obra y me quedé sin saberlo también. De pronto siempre digo: "¿Y si en verdad hubiese sido el verdadero cristo en su segunda venida? ¡Lo trataron como a una pelota!

Pero los milagros no le funcionaron. Excepto el de la gallina, claro.
Que tampoco está muy seguro él, porque piensa que ha visto muchas gallinas a las que le han apretado el cocote y de repente se paran. Entonces, tampoco se sabe si es un milagro o no.

Si el Cristo de Elqui no tenía el arte de la resurrección, ¿por qué el libro se llama así?
¡Ah! Porque es un bello título (risas), porque considero que la resurrección, si es que existe, es el arte más excelso que se pueda imaginar uno. Imagínate revivir a alguien muerto (risas).

¿Qué recomendación daría usted a sus lectores? 
Ninguna. Podría decirles que en mi libro, y en cualquiera de mis libros, van a encontrar una reivindicación por el arte de contar historias, por el arte de oír historias, que es una de las cosas que se está olvidando entre los intelectuales. Dejan de lado el contar historias, que es lo esencial de una novela, se miran mucho el ombligo y escriben para escritores. Si yo hubiese sido mujer, hubiese sido Sherezade, contando historias para no morir. Si yo no hubiese contado historias, no hubiese sobrevivido a ese desierto. Creo que mi califa era el desierto…

Sinopsis del libro
Tras la muerte de su madre, Domingo Zárate Vega se hace ermitaño en el Valle de Elqui. Allí descubre, a través de una visión, que él es nada más y nada menos que la reencarnación de Jesucristo. Luego de casi 22 años predicando en bien de la humanidad, se entera de que en la oficina Providencia vive una prostituta que se llama Magalena Mercado, quien venera fervientemente a la Virgen del Carmen. Creyendo que es un señal divina la busca con el propósito de que sea su discípula -y amante- y juntos divulgar la inminente llegada del fin del mundo.

Juan Gabriel Vásquez: "Las novelas no dan respuestas, más bien tratan de hacer más preguntas"

Foto: Maglio Pérez
El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, quien visitó República Dominicana para promocionar su novela "El ruido de las cosas al caer", ganadora del Premio Alfaguara 2011, está convencido de que su generación vive con miedo a causa del narcoterrorismo, es por ello que su libro, aunque no fue escrito con tales intenciones -según sus palabras-, trata de descubrir cómo esto ha marcado su vida y sobre todo por qué ha sucedido. En este año, su historia también le ha hecho merecedor del premio italiano Gregor von Rezzori 2013, galardón destinado a las mejores obras narrativas extranjeras.
Una pregunta indiscreta, ¿qué edad tiene usted? 
38, no es tan indiscreta (risas).
Le pregunto porque Antonio Yammara (personaje del libro) dijo haber leído que el hombre debe empezar su historia a partir de los 40 años, ¿ya usted empezó e escribir la suya?  
Eso es algo que Yammara lee sin citar la fuente y la fuente es una novela de Juan Carlos Onneti que se llama "El Pozo", en la que el personaje dice eso... Yo tengo dos años para pensarlo, pero creo que voy hacer una novela más bien. 
Confiese: ¿Se ha obsesionado usted, al igual que Yammara, con alguien como para querer investigar su vida? 
Bueno, sí, muchas veces. De hecho así nació una novela que escribí que se llama "Los informantes", por una curiosidad muy intensa que empecé a sentir por la vida de una mujer judío-alemana que había llegado a Colombia en 1938 y que conocí en 1999. La obligué a que se sentara conmigo 4 o 5 días a que me contara su vida. Con más o menos dedicación, así suelen nacer mis libros, del interés por una persona, alguien que vi o alguien que conozco. 
¿O sea que usted ha conocido a los personajes de sus historias? 
No siempre. A veces conozco personajes a quienes después les invento una historia. Es el caso del personaje de la novela, Ricardo Laverde.

¿Usted lo conoció? 
Conocí a una persona en la época en que estudiaba derecho en Bogotá. Lo vi ponerse unos audífonos para oír una grabación y comenzar a llorar de repente; eso siempre se me quedó como una posible historia para contar. Nunca pude hablar con él... pero hoy me hubiera acercado y le hubiera preguntado: ¿Qué le pasa? ¿Qué está oyendo? ¿Quién es usted? Como no lo pude hacer, entonces unos 20 años después me lo inventé. 

¿Por qué escribió el libro en primera persona? 
Porque me interesa explorar los hechos que se cuentan en el libro... cómo esa época marcó a mi generación. El narrador en primera persona puede decir: "yo no conozco", "esto es un misterio", "voy a investigar". Eso es más difícil en tercera persona porque el lector siente que hay una voz que ya sabe toda la historia y que simplemente está fingiendo que no la sabe. 

¿Y lo logró? 
¿Qué cosa?

Responderse.
No, pero si surgieron una cantidad de preguntas interesantes. Yo creo que las novelas no dan respuestas, más bien tratan de hacer más preguntas. Lo que si hacen es permitirle a uno lidiar mejor con la experiencia. Yo creo que vivimos en una situación muy rara que nos acostumbró al miedo y que quedamos con eso por dentro. Así que igual saqué y entendí algunas cosas mejor, pero no resolví todo el problema. 

¿Por qué cree que tiene tanta acogida el tema del narcotráfico y los capos en las series, novelas y películas?
Tiene acogida porque es un mundo que se puede contar con mucho amarillismo, con mucho sensacionalismo y eso le gusta a la gente, pero desde luego no es la razón por la que es interesante una novela como "La Virgen de los sicarios" de Fernando Vallejo o como las novelas de Laura Restrepo. Resultan interesantes, no por su tema, por tratar el narcotráfico, sino por cómo lo trata, por revelarnos que no hemos terminado todavía, a pesar de todas las cosas que se han dicho, de entender cuál es el impacto en la vida de la gente.

Pensaba Ricardo Laverde que la ‘cosa' (la droga) algún día se iba legalizar, ¿usted cree que suceda?
No creo, pero me gustaría. Puede que se legalice en algunos países pero eso no tendría ninguna utilidad. Los que creemos que la legalización es la solución a la violencia, a la corrupción, al poder de las mafias, sabemos que tiene que ser total. No tiene ningún sentido que se legalice en algunos países productores y no se legalice en los consumidores, principalmente Estados Unidos, y en Estados Unidos nunca se va a legalizar, porque hay un puritanismo demasiado marcado en la consciencia de la gente para que un político se atreva a pronunciar esa palabra. Allá saben que si un candidato se atreve a pronunciar la palabra legalización, no solo pierde las elecciones, sino que queda muerto como político para toda su vida; entonces eso nunca va a pasar.